Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 448 |
P.V.P. | 22,90 euros |
Sinopsis:
En Belfast, tres niños crecieron en un orfanato donde el miedo era ley, y la violencia, la única forma de sobrevivir. Aquel infierno los convirtió en hermanos. Y en algo mucho más peligroso.
Años después, los llaman los Huérfanos. Son dueños de un
imperio criminal que se extiende desde Irlanda hasta la Costa del Sol, donde el
lujo y la brutalidad conviven sin disimulo. Allí, en Marbella, han aprendido
que el poder no se hereda: se arranca.
Pero en esa misma ciudad hay otra familia que también conoce
el precio del poder: los Pastor. Durante años han vivido bajo la sombra de un
patriarca temido y respetado, unidos por secretos, silencios y heridas
imposibles de cerrar. Y, por encima de todos, moviendo los hilos desde las
sombras, está la Hermana Mei, la mujer ante la que incluso las mafias bajan la
cabeza.
Cuando Trevor Strummer es acusado de un asesinato en Madrid, la fiscal Laura Pastor se enfrenta al caso más importante de su carrera. Lo que no imagina es que tras ese crimen se esconde una red de secretos que conecta a su propia familia con los Huérfanos. Así, entre la justicia y la venganza, entre la lealtad y la sangre, todos tendrán que elegir.
Fuente: web de la editorial
Opinión personal:
Si algo tengo claro después de haber leído todo lo que este
trío de autores ha publicado es que saben cómo convertir una novela negra en
una auténtica montaña rusa. De esas que te hacen decir un capítulo más
hasta que miras el reloj y entras en pánico al recordar que mañana madrugas.
¿Qué tienen en común una fiscal de la Audiencia Nacional, un luchador
armenio de MMA cuya carrera puede terminar de la peor manera posible, un
abogado y aparente empresario, tres huérfanos irlandeses que aprendieron desde
niños que la violencia era la única forma de sobrevivir, y una mujer china que
maneja el crimen organizado con una tranquilidad que ya quisiéramos muchos tener
para enfrentarnos a una cola del supermercado? Pues que todos han ido a parar a
Los huérfanos, la nueva novela de Carmen Mola.
Laura Pastor tiene la mala suerte de que su padre sea uno de
los hombres más poderosos de Marbella. Y cuando digo poderoso no me refiero a
que conozca al concejal de turno o tenga un buen contacto en el banco. No. Aquí
hablamos de negocios turbios, crimen organizado y una colección de enemigos que
ya quisiera para sí cualquier villano de película. Laura debe regresar a
Marbella, el lugar del que lleva veinte años intentando mantenerse alejada, para
ayudar a su madre, que se ha visto envuelta en un problemilla. Al mismo tiempo,
la guerra entre su padre y una peligrosa organización criminal de origen
irlandés, Los Huérfanos, se va complicando hasta convertirse en una auténtica pesadilla.
Laura es, sin duda, uno de los grandes atractivos de la
novela. Es una mujer marcada por una infancia y una relación familiar muy
complicadas, que intenta ejercer de fiscal mientras carga con un apellido que
pesa demasiado. Su familia tampoco tiene desperdicio. Alberto Pastor es de esos
hombres que no necesitan levantar la voz para que todo el mundo sepa quién
manda. En esta familia, lo de sentarse juntos a cenar tranquilamente debería considerarse
una actividad de riesgo. Luego están Los Huérfanos, que si de pequeños les
hubieran dado cariño, estabilidad y alguna que otra actividad extraescolar,
probablemente la historia habría sido muy distinta. Pero no fue así y acabaron
convertidos en criminales de altos vuelos. Y todavía nos queda la Hermana Mei,
que no está precisamente para repartir estampitas.
La novela se divide en tres partes y juega con distintos
escenarios y líneas temporales para mostrarnos el origen de estos personajes y,
sobre todo, cómo sus caminos terminan cruzándose. La información llega a cuentagotas
y los autores saben cuándo soltar una nueva pieza del puzle para que sigamos
haciendo cábalas. A todo esto, se suma esa violencia propia de la marca Carmen
Mola. Hay escenas bastante duras y alguna que otra especialmente desagradable,
no aptas para estómagos sensibles.
Pero si algo tiene Los huérfanos es ritmo. Mucho
ritmo. Capítulos cortos que vuelan, hay acción constante y personajes con una
facilidad pasmosa para meterse en unos jardines de los que después resulta
bastante complicado salir. Y justo cuando parece que ya sabemos por dónde van
los tiros, llega un giro inesperado y nos deja la mandíbula a la altura de las
rodillas.
Y luego está Marbella. No como un paraíso de playa, lujo y
coches de alta gama, sino como un territorio donde el crimen está tan
normalizado que la corrupción es, sencillamente, la forma en que se hacen
negocios.
En definitiva, si os apetece un viaje a Marbella para rodearos de
mafiosos, criminales, luchadores, fiscales y gente con muy pocas ganas de poner
la otra mejilla, entonces podéis ir preparando sitio en el sofá. Porque aquí la
tranquilidad dura lo que un suspiro.


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