Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 432 |
P.V.P. | 21,95 euros |
Traductor: | Paula Parra |
Opinión personal:
Después de leer Oculto en la nieve y Oculto en las sombras, y de disfrutar también de la adaptación de Netflix,
tenía muy claro que no podía dejar pasar esta tercera entrega de Los
crímenes de Åre. Cuando una saga logra atraparte tanto en las páginas como
en la pantalla, la curiosidad por saber hacia dónde evolucionan sus personajes
y sus secretos se vuelve casi imposible de ignorar.
Hago un breve inciso para dar las gracias a la editorial por
haber incluido un fragmento de mi reseña en la solapa del libro. Es un gesto
que me hace muchísima ilusión, y más aún porque comparto espacio con mi querida
y añorada amiga Laky. Compartir solapa con ella es un regalo doble. ¡Gracias de
corazón!
Si algo sabe hacer la localidad de Åre en las vacaciones de
Pascua es llenarse de esquiadores, reservas de hotel y, si Viveca Sten anda
cerca, de un buen cadáver. La novela arranca con el asesinato de una empresaria
que se alojaba en un lujoso hotel y que pretendía devolverle su antiguo
esplendor a un decrépito hotel de montaña. Parece que a alguien no le hizo
ninguna gracia el proyecto. Y como una desgracia nunca viene sola, habrá más
víctimas. Resumiendo: unas vacaciones para olvidar.
Los protagonistas, los inspectores Hanna Ahlander y Daniel
Lindskog, son ya viejos conocidos. La autora nos hace partícipes de sus
problemas personales para que nos importen tanto como el crimen. Hanna anda
bastante descolocada emocionalmente. Daniel, por su parte, lleva un año de
terapia para controlar su mal genio, y la verdad es que no le vendría mal una
segunda sesión semanal. Entre ellos hay respeto, complicidad y una amistad que
se afianza a base de jornadas interminables, café de máquina y confidencias a
medias. Ambos están algo rotos por dentro y quizá por eso se entienden tan
bien.
El entorno de Åre es un personaje más. Sten consigue que sintamos
el jolgorio de la semana de Pascua sueca, la nieve, las pistas abarrotadas, hoteles
hasta la bandera y la estampa de postal de unas vacaciones perfectas, y a la
vez que notemos el frío colándose a través de las páginas. Eso le da a la
novela un ambiente gélido que se agradece (sobre todo ahora que en Córdoba aún
estamos en manga corta).
Me ha gustado que la trama va y viene entre el presente y el
pasado, y que esos recuerdos del título pesan de verdad en la historia. Si
buscáis ritmo frenético, aquí no lo vais a encontrar. Es una novela de cocción
lenta, de las que se disfrutan con una manta y un chocolate caliente. Hay quien
podría echar en falta algo más de acción, pero a mí me ha ganado esa atmósfera
helada y claustrofóbica que sólo el noir nórdico sabe ofrecer. Además,
la autora aprovecha para tocar ciertos temas que obviamente no mencionaré para
evitar spoilers y lo hace con bastante delicadeza.
En definitiva, si os apetece una escapada a la nieve sin salir del sofá,
con asesinatos, secretos de familia y policías con más lío mental que un ovillo
de lana, esta novela es una apuesta segura. Eso sí, leedla con una mantita y
algo calentito al lado, que el frío brota de sus páginas.


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