Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 392 |
P.V.P. | 21,90 euros |
Sinopsis:
Una noche de 1984, tiene lugar una salvaje matanza en Loeiro. Los habitantes lloran la muerte de Berta, una niña de nueve años, pero ignoran la carnicería que se produce en el Molino del Cura. Cuarenta años después, Alba Mariño vive atrapada en un presente sin memoria. Desde pequeña, su cabeza no es más que un territorio devastado: una enorme cicatriz y un vacío imposible de llenar. Sin embargo, una noticia sobre Loeiro en el telediario reabre y aviva un miedo antiguo. A los cincuenta años, Alba decide trasladarse al pueblo costero para enfrentarse a lo que no recuerda. Con la ayuda de Sinda ―la Gestapo―, de César Araújo y de la detective Iria Santaclara, emprende una investigación que la conduce a las siniestras hermanas Freijomil, las nietas del cura, y a su sobrina Berta, cuya muerte nunca terminó de esclarecerse. Un crimen enterrado en silencio, un asesino aún vivo y dispuesto a matar, y unos vecinos que saben tanto como callan.
Fuente: web de la editorial

Opinión personal:
Después de haber valorado el año pasado con cinco estrellas Asesinato
en la Casa Rosa, la novela con la que arrancaba la serie gallega de Los
Crímenes de Loeiro, no podía dejar pasar la segunda entrega. Había
expectativas, muchas, y también el deseo de volver al universo de sus
personajes. Y lo cierto es que la novela no solo mantiene el nivel, sino que lo
reafirma, consolidando una propuesta de lectura muy disfrutona, una de las
mejores del año.
“Las familias son como las casas:
si los cimientos están podridos, siempre hay peligro de derrumbe”
La historia abre con un capítulo terriblemente sangriento, fechado
a finales de 1984, en el cual se describe el asesinato de una persona. Pero el
verdadero motor del relato llega cuatro décadas después, cuando Alba Mariño
aparece en el pueblo de Loeiro sin apenas recuerdos de su infancia y en busca
de respuestas. Para reconstruir esos recuerdos de una etapa que su mente ha
bloqueado, contrata a Iria Santaclara, ahora en excedencia del cuerpo policial
tras el desgaste de su último caso. Su nueva posición como investigadora y
abogada especialista en criminología y derecho penal le permite moverse en una
zona más ambigua, menos sujeta a normas. La investigación la conduce hasta las
hermanas Freijomil, nietas del cura de Ardán, tres mujeres marcadas por el
aislamiento, el duelo y un pasado que nunca se cerró del todo. …
Grosso modo, esta es la premisa de una novela construida en un doble
plano temporal, en la que su autora dosifica el suspense a la perfección,
consiguiendo que el lector avance con esa mezcla de curiosidad y sospecha que
toda buena novela negra debería provocar. La investigación no solo busca un
culpable, sino también recuperar una memoria rota y entender por qué durante
cuarenta años se ha sostenido una versión incompleta de los hechos. Eso sí,
deja algunos flecos sueltos que no pasan desapercibidos, así que más vale que la
autora no tarde demasiado en volver a Loeiro, porque hay historias que aquí,
claramente, aún no han terminado de contarse.
Si uno llega a Loeiro pensando que va a encontrar paz,
naturaleza y vecinos entrañables, más vale que se dé la vuelta antes de que le
ofrezcan un café. Porque en este pueblo gallego todo el mundo sabe demasiado y,
al mismo tiempo, nadie sabe nada. O eso dicen. La Galicia rural que dibuja
Portabales no es de postal. Es húmeda, brumosa, a ratos opresiva, donde la
belleza del entorno convive con una violencia muy humana. Un microcosmos
donde todos se conocen y donde el rencor tiene apellidos.
Me ha encantado reencontrarme con Sinda, alias la Gestapo,
quien no necesita presentación porque el apodo ya lo dice todo. Un personaje
que gana peso en esta entrega, aportando además de intuición, cierta ironía.
En definitiva, una novela que es puro frenesí literario y he disfrutado
muchísimo de principio a fin. ¡No la dejes pasar!






No hay comentarios:
Publicar un comentario