Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 896 |
P.V.P. | 24,90 euros |
Traductor: | Claudia Conde Fisas |

Opinión personal:
Quince años después de Criadas y señoras, Kathryn
Stockett vuelve por la puerta grande. Si su debut nos enamoró por su retrato
del racismo en el sur de Estados Unidos, esta segunda novela confirma su
talento para retratar a mujeres fuertes en contextos hostiles, luchando por
derechos básicos. Os aseguro que la espera ha merecido absolutamente la pena.
Es de esas novelas que devoras con el corazón en un puño y, al terminarla,
sientes que echas de menos a sus protagonistas porque las consideras como amigas.
Sin duda, una de mis mejores lecturas del año, y las cinco estrellas se las ha
ganado a pulso.
Mississippi, 1933, con la Gran Depresión apretando el cuello
de ricos y pobres por igual. Meg Lefleur, de once años, fue abandonada por su
madre en Nochebuena y ha decidido que confiar en la gente es un lujo que no
puede permitirse. Por otro lado, Birdie Calhoun llega a la ciudad para pedirle
ayuda a una hermana cuya vida de postal resulta tener más grietas que la
economía nacional. Y luego está Charlie, una mujer que ha perdido casi todo
salvo las ganas de no rendirse. Cuando los destinos de las dos últimas se
cruzan, nace un plan tan audaz como peligroso para recuperar el control de sus
propias vidas. El problema es que viven en un lugar y una época donde la
hipocresía manda y la libertad de las mujeres pende de un hilo, así que
cualquier pequeño acto de rebeldía puede salirles muy caro…
Dos son las voces narrativas en primera persona que se van
alternando capítulo a capítulo hasta entrelazarse en un mismo destino. Stockett
vuelve a demostrar su maestría para construir personajes femeninos de carne y
hueso, imperfectos pero vestidos de realidad. Ellas son el alma de la novela. Meg,
con su mirada inocente, aporta la parte más tierna y desgarradora del relato. Tiene
carácter, es inteligente y una gran lectora. Cada vez que aparecía, sentía
ganas de protegerla y de decirle que todo iba a salir bien. Birdie es responsable
y decidida a romper las normas que la asfixian, pero también vulnerable bajo
esa coraza de determinación. Y no puedo dejar de mencionar a personajes
secundarios como Ruby o Flossy, que me robaron más de una sonrisa.
La ambientación es otro de los grandes aciertos. La autora
recrea el contexto histórico de los años treinta con una precisión casi táctil.
Notaba el calor sureño pegado a la piel, la escasez en cada comida improvisada,
y cómo las apariencias de la alta sociedad se iban resquebrajando poco a poco.
El tema central sobre el que pivota buena parte de la novela
es la amistad entre mujeres como refugio y como arma de resistencia. Pero la
autora aborda otros como la segregación en el Mississippi rural, el clasismo,
la precariedad económica de la Gran Depresión, los huérfanos tratados como
mercancía dañada o el estigma de amar a quien no toca.
Sí, es una novela extensa, pero os aseguro que se lee con una
fluidez pasmosa y atrapa desde las primeras páginas. La he disfrutado tanto que
no quería que se acabara. Cada página era un poco más de tiempo con Meg, con
Birdie, con Charlie y todas las demás chicas.
En definitiva, una novela coral que combina personajes entrañables, una
ambientación cuidada y denuncia social. Una historia sobre mujeres que se
niegan a resignarse, con la que te ríes a carcajadas en una escena y dos
páginas después te deja el corazón blandito. Si aún no conocéis a Stockett,
este es un buen punto de partida. ¡No la dejéis pasar!






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