Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 248 |
P.V.P. | 20,95 euros |
Traductor: | Elia Maqueda López |

Opinión personal:
De vez en cuando necesito salir de mi zona de confort y
desconectar de mis géneros habituales. Elegí esta novela por un motivo
personal, ya que conozco a alguien cercano que ha vivido algo parecido a lo que
cuenta la autora, aunque no tan extremo, y quise acercarme a esta historia con
otros ojos. Pero hay que leerla despacio, haciendo pausas para tomar aire
porque no es una lectura que se pueda calificar de agradable, pero sí una de
las que merece la pena hacer.
Nathacha Appanah cuenta tres noches en las que una mujer
corre para escapar de su pareja. La primera es la suya. A los diecisiete años,
cae en manos de un poeta y periodista treinta años mayor que ella. Él la va
aislando de su familia, de sus amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos,
y de sí misma, sometiéndola a microhumillaciones que jalonaban su cotidianidad.
Hasta que a los veinticinco consigue huir. Las otras dos corredoras no
sobrevivieron…
No es una lectura rápida ni cómoda, ni pretende serlo. Avanza
por oleadas, y hay páginas que piden cerrar el libro y respirar. Tampoco es
para cualquier momento, porque habla de maltrato, de abuso, de feminicidio y de
lo que queda después, del dolor en su círculo más cercano. Pero es una obra
necesaria, escrita con una valentía y una belleza extraordinaria, de las que no
se olvidan. Os la recomiendo, eso sí, para cuando estéis preparadas porque
necesita su momento.
Aquí no hay personajes de ficción, hay personas reales, de
carne y hueso. El libro entero es un esfuerzo por devolverles a estas mujeres
lo que la violencia y la muerte les arrebataron: su identidad. La narradora,
que es la propia autora, se juzga con una dureza que duele y se atreve a decir
las cosas que dan vergüenza. Guardó durante mucho tiempo aquella experiencia en
un rincón de su memoria, hasta que, años después, el asesinato de Chahinez
Daoud, una mujer de origen argelino, en Francia despertó algo que creía
enterrado. La historia de Chahinez me ha parecido aterradora. En cambio, los
hombres, un albañil, un chófer y un poeta, apenas son iniciales. Y antes de
convertirse en verdugos, fueron también hijos, hermanos, trabajadores,
compañeros.
Y luego está la prosa, que es lo que más me ha impactado. Qué
manera de escribir tan bonita tiene Nathacha Appanah. Es contenida y, al mismo
tiempo, tremendamente evocadora. Escribe con una delicadeza extraordinaria, con
momentos de una enorme belleza y otros tremendamente duros. Utiliza frases
largas que se encadenan casi sin respiro, con repeticiones y letanías que
reproducen el círculo en el que vive una mujer atrapada. Su novela es una mezcla
de autobiografía, crónica, ensayo y poesía. No busca el morbo, al contrario, se
nota el enorme respeto con el que se acerca a las mujeres y a sus familias. Y
duda de sí misma, preguntándose durante todo el libro si la literatura, la
misma que la hizo caer en un pozo a los diecisiete años, sirve de algo ante la
muerte. Su respuesta es este libro.
En definitiva, una lectura dura, incómoda y necesaria, de una calidad
literaria enorme, que se adentra en la violencia contra las mujeres a partir de
tres historias reales que, aunque separadas en el tiempo y el espacio, terminan
formando un mismo relato sobre el miedo, el sometimiento y la dificultad de
escapar.






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