Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 640 |
P.V.P. | 22,90 euros |
Sinopsis:
Junio de 1996. Playa de Zurriola, San Sebastián.
Una escultura de arena oculta el cadáver de una joven estudiante. En la frente, una palabra grabada a fuego: EXLIBRIS . Desde entonces, cada cuatro años, en el mes de junio, el asesino repite su ritual. Secuestra, tortura, viola y asesina a una joven, y le marca la frente con el mismo sello. La prensa los bautiza como los crímenes del librero. Siempre igual. Siempre impune.
Junio de 2024. Madrid.
A Renata Blasco, subinspectora de la Policía Nacional,
acaban de levantarle su enésimo expediente disciplinario. Violenta, inestable,
con una alarmante falta de empatía, pero también brillante y eficaz, es una
agente implacable. Por eso le asignan un caso imposible: adelantarse a un
asesinato que aún no se ha cometido.
Vera Durán, antigua inspectora del caso durante casi tres
décadas, intentará ayudarla a detenerlo. Siete crímenes sin resolver pesan
sobre su conciencia y no está dispuesta a cargar con uno más.
Mientras la cuenta atrás avanza, tres amigos intercambian por completo sus vidas durante una semana en un juego tan seductor como peligroso, donde las traiciones y las sospechas no tardan en aflorar.
Fuente: web de la editorial

Opinión personal:
El pasado año, este autor se consolidó como una de las
revelaciones del panorama literario gracias a No mientas, una
novela que recibió críticas muy favorables, incluida la mía. Por eso, en
cuanto supe que publicaba un nuevo libro, no dudé ni un instante en que lo
leería. Y no solo ha cumplido las expectativas, sino que las ha superado con
creces. Sin la menor duda, se ha ganado un lugar destacado entre mis mejores
lecturas del año. Y creo que no me equivoco en afirmar que estamos ante la
primera entrega de una bilogía.
¡Menuda joya nos regala Arturo del Burgo con Malditos!
Este thriller absolutamente adictivo me ha atrapado desde la primera línea,
dejándome sin aliento hasta el final. Es de esas novelas que entretienen con
una atmósfera tan opresiva y adictiva que te obliga a seguir leyendo, aunque
sea a oscuras.
Playa de Zurriola, San Sebastián, junio de 1996. Bajo una
escultura de arena con forma de sirena, destinada a desvanecerse con la marea.
aparece el cuerpo de una joven con la palabra "EXLIBRIS" grabada a
fuego en la frente. Brutal, ¿verdad? Pues no será un episodio aislado, sino el
inicio de una cadencia siniestra. Cada cuatro años, con una puntualidad que
hiela la sangre, cuando junio regresa, también lo hace el asesino y el ritual
se repite. La narración avanza hasta 2024, cuando la policía sabe que el ciclo
está a punto de reiniciarse. En ese escenario, la subinspectora Renata Blasco
asume el reto de detener a un asesino en serie que lleva matando casi tres
décadas, rompiendo un ciclo que parece escrito de antemano. Entre tanto horror,
el libro presenta además un juego entre tres amigos, basado en la confianza, un
recurso que sirve para tensar la relación entre ellos y abrir la puerta a
dudas, secretos y posibles traiciones…
El gran acierto de la novela reside en la voz intimista que
vertebra una parte esencial del relato. Renata nos hace partícipes de la
investigación en primera persona, revelándose como una fuerza de la naturaleza,
de temperamento inestable, manipuladora, violenta y con una falta de empatía
alarmante, pero también de una lucidez y eficacia fuera de lo común. Si la
pones al frente de un caso se desvivirá hasta resolverlo. En otras palabras,
alguien que debe abrirse paso entre sombras aún más densas que las suyas. Y no
olvidemos a Igor Velasco, el ertzaina que descubrió el primer cuerpo, un
personaje con un magnetismo arrollador. Me ha resultado especialmente atractiva
esa relación de chanza que mantiene con Renata, donde el insulto termina
adquiriendo entre ellos un tono entrañable. Pese a su papel secundario, Igor
tiene un potencial enorme y podría dar mucho juego en futuras entregas. Sería
todo un pelotazo.
Tiene ritmo, tiene tensión, tiene personajes que dejan
huella, giros imprevisibles, así como una premisa potente, aunque deja algunos
flecos sueltos. Es un thriller oscuro, adictivo y muy bien armado, de esos que
se leen con la incomodidad deliciosa de saber que lo peor puede volver a
ocurrir en cualquier momento.
Las múltiples subtramas que dan dinamismo a la lectura, así
como los constantes saltos temporales, son como nudos que aprietan la soga, dejando
una inquietud persistente al revivir el origen del mal y mostrar cómo el pasado
nunca muere, solo espera su turno. Debajo del caso policial late una crítica
social muy clara, incómoda y afilada, sobre privilegios que envenenan. La
culpa, la obsesión, el dinero, la corrupción moral que ha ido fermentando
durante décadas y la crueldad son los motores de una trama donde nadie parece
inocente del todo.
En definitiva, si no habéis leído nada del autor, ya estáis
tardando porque se está haciendo un merecido hueco entre los mejores del género.






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