Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 568 |
P.V.P. | 24,90 euros |
Traductor: | Rodrigo Crespo |

Opinión personal:
Desde que en 2019 le di cinco estrellas a El caso Hartung,
un thriller nórdico con el que Soren Sveistrup inauguraba la serie
protagonizada por Naia Thulin y Mark Hess, no he dejado de recomendárselo a
todo lector que aprecie un misterio bien tejido. Fue una de esas lecturas que
no solo atrapan, sino que dejan una huella imborrable. Por eso, cuando supe que
la editorial publicaba una nueva novela del autor, no dudé ni un instante en
volver a adentrarme en su universo literario con gran expectación.
La historia se inicia con un capítulo introductorio que pone
los pelos de punta y nos sitúa en mayo de 1992, cuando un grupo de niños de un
orfanato que está de excursión hace un terrible descubrimiento. Treinta años
después, la calma se rompe con la aparición de un acosador en serie que
fotografía a sus víctimas en lugares públicos y les envía las imágenes al
móvil, sembrando el miedo antes de atacar. Su método recuerda al juego infantil
del escondite, una cuenta atrás que anticipa lo inevitable. Pronto no tardan en
relacionarlo con el asesinato sin resolver de una adolescente, Caroline Holst,
ocurrido hace dos años.
A regañadientes, Thulin y Hess asumen la investigación,
aunque ninguno de los dos se siente preparado para enfrentarse a un caso de
semejante envergadura. Pero cuando se hace evidente que el asesino
disfruta imponiendo sus propias reglas en un juego sádico, ambos deberán dejar
de lado sus diferencias y colaborar…
Con una narración casi cinematográfica y una fluidez a golpe
de capítulos breves, Sveistrup despliega un estilo directo y una prosa sin
artificios, conduciéndonos con destreza por una investigación policial que se
entrecruza con la batalla contra las administraciones y el dolor de una madre
que ha perdido a su hija. El resultado es una espiral de acción, angustia y
suspense dosificados correctamente en una trama bien imbricada, donde también deja
espacio para una mirada crítica hacia los padres ausentes y hacia el modo en
que la tecnología y, especialmente, los móviles amplifican el acoso y la
humillación, dibujando una sociedad que ha normalizado ciertas formas de
violencia psicológica.
Uno de los aciertos del libro está en la pareja investigadora,
Hess y Thulin. Personajes dispares con numerosas fallas y con los que cualquier lector podría
llegar a empatizar. Sus
vidas personales los arrastran en direcciones opuestas, y la desconfianza mutua
amenaza con sabotear la necesaria coordinación en un caso harto complicado. Thulin
trabaja ahora en la división de Delitos Tecnológicos, pero las pesquisas de uno
de los casos la llevarán de vuelta a Homicidios. Sigo sintiendo especial
predilección por Mark Hess,
que ha vuelto por motivos familiares y arrastra un desgaste evidente.
En definitiva, una historia que me ha dejado sin aliento y es una apuesta
segura que no deberías dejar pasar si te atrae el nordic noir. ¡Atención!
Parece ser que hay una adaptación cinematográfica que se estrenará en Netflix este
año… y no seré yo quien se la pierda.






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