Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 416 |
P.V.P. | 19,90 euros |
Traductor: | Susana Sáenz |

Opinión personal:
Cuando una autora te gana con la primera novela que publica
en España, como ocurrió con La chica de la limpieza, es fácil que le
hagas un sitio en tus estanterías casi sin pensarlo. A partir de ahí, cada
nuevo libro suyo se recibe con pocas dudas de que vaya a decepcionar. Además, tiene
el aliciente añadido de que está inspirado en un crimen real ocurrido en Canadá,
un detalle que le aporta un trasfondo todavía más inquietante.
La novela tiene un comienzo in extrema res. Abre con
un primer capítulo que genera intriga inmediata y despierta tu curiosidad por
conocer los acontecimientos que propiciaron tal desenlace. Unos hechos que se
inician en Story Cove, una comunidad costera de esas que parecen sacadas de una
postal. Casas bonitas frente al mar, vecinos que se conocen, familias adineradas
que dan la impresión de tenerlo todo bajo control. Ese tipo de lugar donde, en
teoría, nunca ocurre nada realmente terrible. Hasta que ocurre. La calma implosiona
cuando aparece el cadáver de una mujer al pie de unos acantilados, y lo que en
un primer momento podría parecer un accidente pronto empieza a adquirir tintes
de asesinato. ¿Podría ser una nueva víctima del asesino de las runners? Y aquí es
cuando entra en juego el verdadero motor de la historia… los secretos.
Una de las figuras centrales es Lily Bradley, respetada
psicoterapeuta que vive con su familia aparentemente perfecta en una casa de
ensueño. Su carrera profesional gira precisamente en torno a escuchar los
secretos de los demás. Lo irónico es que ella también tiene los suyos. Su vida
y la de otras dos mujeres más, Arwen y Rue Duval, la investigadora del caso, empiezan
a entrelazarse de una forma cada vez más inquietante.
La autora vuelve a apostar por la misma estructura coral que
ya utilizó en su anterior novela. A priori podría parecer un poco liosa, aunque
en mi caso no lo ha sido. Construye una trama caleidoscópica que va alternando
distintos puntos de vista y dos líneas temporales, el presente y los
acontecimientos que fueron el detonante del crimen. Si a esto se le suman breves
fragmentos de un true crime, el resultado es una historia donde la
verdad es un concepto volátil y fácilmente manipulable. A medida que avanzas en
la lectura empiezas a desconfiar de casi todo el mundo. Del marido ejemplar, de
los vecinos, de los pacientes, incluso de quienes, en teoría, están intentando
descubrir la verdad. Es uno de esos libros en los que cambias de teoría cada
pocos capítulos. Cuando iba por el último tercio, mi grupo de sospechosos no se
había reducido y no tenía ni idea de hacia dónde se dirigía todo. Justo como me
gusta.
No es un thriller de acción frenética, sino una historia que
se va tensando poco a poco, como una cuerda que alguien sigue estirando. Los
capítulos son cortos, los giros argumentales aparecen en el momento justo y el
resultado es ese efecto de un capítulo más, y cuando te das cuenta has avanzado
cincuenta páginas casi sin enterarte.
En definitiva, una
novela de suspense psicológico de entretenida lectura que arranca como un
misterio policial, pero poco a poco se convierte en una disección incómoda de
las apariencias, los secretos familiares y las mentiras que somos capaces de
contar para proteger lo que creemos que es nuestro mundo perfecto. Si disfrutas
de este tipo de novelas, aquí tienes un festín.






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