Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 336 |
P.V.P. | 20,95 euros |
Traductor: | Sonia Tanco |

Opinión personal:
Cuando comencé la lectura de esta novela, no sabía que con
ella se inicia una serie de misterio histórico de corte clásico protagonizada
por el abogado Gabriel Ward y que ya tiene dos títulos más publicados en su
idioma original. En conjunto, me ha parecido un cozy mystery original,
que me tuvo entretenida durante buena parte de sus páginas, que es lo que una
busca cuando se acerca a una historia de este género literario.
Estamos en 1901, en ese Londres de farolas de gas y coches de
punto que todavía respira educación victoriana. En el Inner Temple, una de las
cuatro históricas sociedades de abogados litigantes de Inglaterra, un
microcosmos situado en el corazón de la ciudad, con normas propias, protocolos
y jerarquías donde abogados y jueces han ejercido su oficio desde el siglo XIV,
aparece un cuerpo sin zapatos ni calcetines en la puerta del despacho de
Gabriel Ward. La víctima es el presidente del Tribunal Supremo. El hallazgo
sacude los cimientos de ese mundo hermético que se creía inmune a las
calamidades del bullicioso Londres. Para evitar el escándalo y, sobre todo,
mantener a raya a la prensa, Gabriel es presionado para investigar el crimen.
Tiene una semana de plazo, antes de que la policía meta las narices…
A la trama criminal se suma un segundo enigma relacionado con
la disputa de la autoría de un libro infantil superventas. Así, la
investigación del asesinato y el litigio literario avanzan en paralelo,
tejiendo una intriga doble que va ganando fuerza a medida que las piezas
empiezan a encajar.
Confieso que el primer cuarto de la novela se me hizo algo cuesta
arriba. La autora se recrea en describir con minuciosidad el Temple y los
hábitos de Gabriel, lo que dilata el arranque pese a que el asesinato aparece ya
en la primera página. Hubo un par de noches en las que pensé que igual no era
el momento, y estuve tentada de dejarla en la mesilla para más adelante. Pero
menos mal que no lo hice porque en cuanto la investigación toma cuerpo y los
sospechosos dejan de ser nombres para convertirse en personas con secretos, la
novela se anima, gana en tensión y el desenlace recompensa con creces esa
paciencia inicial.
Al principio no congenié mucho con su protagonista, Gabriel
Ward. En las primeras páginas se presenta como un hombre metódico, rígido, casi
quisquilloso y muy pedante. Vive donde trabaja, es un enfermo de la rutina y se
aferra a pequeños rituales diarios que parecen blindarlo frente al caos. Sin
embargo, pronto aflora su lado más humano, su amor por los libros y, sobre
todo, su trato amable y caballeroso con todos, sin importar su clase social.
Eso lo convirtió en un personaje mucho más cálido de lo que aparentaba y me
acabó encandilando. Ah, y forma un buen equipo con el agente Wright, de la
policía metropolitana.
Si algo funciona aquí es la atmósfera de recinto cerrado.
Cada personaje secundario se convierte en un potencial sospechoso. Los jueces
que miran con ambición la vacante, las esposas entrometidas y ambiciosas, el
párroco que adora a su gata, empleados que saben más de lo que dicen e incluso
un niño irritante pero extrañamente entrañable. Todos parecen salidos de la
mejor tradición del cosy crime británico.
En definitiva, si te gustan las novelas de este género y los
ambientes británicos ligeramente excéntricos, esta novela es para ti.






Uy, este parece de los que puedo disfrutar mucho. Voy avisada sobre esa primera parte que se puede hacer cuesta arriba.
ResponderEliminarBeso grande y gracias por la reseña, Marina.
Hola Marina, este se lo vi a Mónica hace poco en su blog... ella comentaba que igual el protagonista tenía síndrome de Asperger... ya me llamó la atención cuando se lo vi a ella, así que ya lo tengo apuntado.
ResponderEliminarUn besazo