Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 400 |
P.V.P. | 23,90 euros |
Sinopsis:
En el majestuoso Palacio Dorado, situado en el centro de Madrid, lo más selecto del mundo del arte se ha reunido para la inauguración de Pentimento, un museo que muestra reproducciones de obras de arte icónicas en el contexto donde se exhibieron por primera vez. Amanda Mendoza, la anfitriona, observa con desconfianza a uno de los invitados: el enigmático Dimas Chevalier, el ladrón de guante blanco más famoso de Europa, que, tras unos años en la cárcel, asegura que se ha reformado por completo. Mientras, una figura oscura salta ágilmente por el tejado del palacio para entrar en la Cámara de las Maravillas, un lugar en el que la familia Mendoza guarda los más fascinantes tesoros. Pero, cuando el asaltante trata de escapar con el botín, cae fulminado sin motivo aparente. Dimas, acusado de forma indirecta del robo, se verá obligado a colaborar con Amanda para limpiar su nombre y descubrir quién ha profanado la Cámara de las Maravillas.
Fuente: web de la editorial

Opinión personal:
María Oruña vuelve a las librerías y yo, que ya la considero
una de mis autoras de cabecera, ya le tenía hecho un huequito en mis
estanterías a su nuevo libro. Esta vez cambia de registro, dejando atrás
Cantabria y nos lleva de lleno al mundo del arte. Un thriller ambientado en
Madrid que combina el robo de guante blanco con el misterio policial más
clásico. Y ya os digo que la propuesta funciona porque la he disfrutado mucho.
“Qué era la vida, sino una gran obra
de arte siempre inacabada.”
En la fiesta de inauguración de Pentimento, un museo
que recrea obras maestras en su contexto original para el que fueron concebidas,
un ladrón muere sin motivo aparente al intentar huir con un botín sustraído de
la Cámara de las Maravillas, el gabinete privado donde la familia Mendoza
atesora sus piezas más valiosas. La sospecha recae de inmediato sobre Dimas
Chevalier, un legendario ladrón de guante blanco reformado que, por
casualidades del destino, estaba entre los invitados. A partir de ahí, a la
subinspectora Mencía Rivera le tocará trabajar con el pintoresco inspector de Patrimonio
Histórico Marc Bru para desentrañar una trama de dobles robos, falsificaciones,
tráfico internacional de arte y viejos secretos familiares…
Lo primero que quiero destacar es lo bien documentada que
está la novela. Todo lo relacionado con la restauración, la falsificación y el
mercado negro del arte está tratado con un rigor que se nota, y la autora
consigue contextualizarlo todo sin aburrir al lector. Me lo he pasado de fábula
buscando las obras que menciona María, algunas ya las conocía, otras las he
descubierto ahora, y sorprendiéndome con los secretos que esconden algunas de
ellas, como el del cuadro de Hendrick van Anthonissen. Buscadlo, os va a
sorprender.
Cuenta con un elenco de personajes muy variado, donde cada
uno aporta su propio matiz a la trama. La atípica pareja de investigadores,
aunque muy dispares en carácter y forma de encarar los casos, forma un tándem
que se complementa a la perfección. He disfrutado especialmente con el
inspector de Patrimonio, tan erudito como estrafalario que parece que vive en
una novela de misterio todo el rato. Sus diálogos con Mencía, que no entiende
ni comparte para nada el valor del mundo del arte, aligeran el drama sin restar
ni un ápice de tensión a la investigación. Es de esos personajes que, nada más
aparecer en escena, te sacan una sonrisa.
La novela tiene numerosas referencias a la obra de Agatha
Christie y plantea una reflexión muy interesante sobre la obsesión por poseer
la belleza y hasta dónde puede llevar esa codicia disfrazada de amor por el
arte y la cultura. También aparece, aunque de forma secundaria, el debate sobre
el expolio y las restituciones patrimoniales.
En definitiva, una novela entretenida y con un misterio que mantiene el
interés hasta el final, perfecta para quienes disfrutan de un thriller ambientado
en el glamuroso y turbio mundo del arte.






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