Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 376 |
P.V.P. | 19,90 euros |
Traductor: | Susana Sáenz |

Opinión personal:
Siempre que me encuentro con una novela que gira en torno a
la desaparición de un menor siento una atracción inevitable por ella, aun
sabiendo que probablemente lo pasaré mal. La peor pesadilla de una madre es la
pérdida de un hijo y tener que vivir con la incertidumbre de si está vivo o no.
Aunque pueda parecer un tema muy trillado en la literatura, en este caso no lo
es, ya que la desaparición del niño actúa como detonante de la historia, pero
pronto queda relegada a un segundo plano. A partir de ahí, cobran protagonismo
otros conflictos como la infidelidad y los secretos que todos, en mayor o menor
medida, ocultamos.
Marin no sabía que cuando soltó un momento la mano de su hijo
para contestar a un mensaje de su marido, ya no lo volvería a ver. Ese instante
fue suficiente para que el pequeño desapareciera en el bullicio del mercado
navideño donde estaban haciendo unas compras. Pronto se descubre que ha sido
secuestrado. Solo bastaron cuatro minutos, un traje de Papá Noel y una
piruleta. Quince meses después, el caso sigue abierto, pero la esperanza se ha
ido diluyendo con el paso del tiempo, por lo que Marin contrata a una
investigadora privada que acabará descubriendo una infidelidad de su marido con
una mujer más joven. La ira la devuelve a la vida. Ya perdió a su hijo, pero no
perderá también a su marido. Y mucho menos a manos de otra mujer.
La autora te hace vivir desde dentro el dolor de una madre,
la culpabilidad de un padre y la ambigüedad moral de sus personajes. En esto
radica el potencial de la novela, no solo importa el misterio, sino cómo cada
personaje lidia con sus propios demonios mientras intenta sobrevivir a las
consecuencias de sus decisiones.
El ritmo de la narración es demasiado contenido para mi
gusto, con momentos en que todo parece estancarse, y adiviné la identidad del
culpable demasiado pronto, algo que no empaña el conjunto de la historia, pero
le resta intriga. No estamos ante un thriller de acción frenética, sino de
tensión contenida que aborda temas como el duelo, la infidelidad, la mentira y
la culpa.
Marin es, sin duda, el eje de la novela. La autora la
presenta como obsesiva, desconfiada, no siempre toma buenas decisiones, ni
resulta fácil empatizar con ella, pero su dolor es tan tangible que acaba
siendo creíble. Una persona rota intentando sobrevivir a una pérdida
insoportable. Los personajes secundarios están escuetamente pincelados, lo
suficiente para que sepamos de quién se trata en todo momento y no perdamos
detalle.
Algo que me desconcertó al inicio de la lectura fueron
algunos términos latinos que no entendía, pero una vez que te acostumbras todo
acabó fluyendo.
En definitiva, un drama familiar que se devora en pocos días
y que destaca por su mirada crítica hacia conceptos como la maternidad, el
matrimonio o la lealtad.






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