Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 400 |
P.V.P. | 21,90 euros |
Sinopsis:
Tras años oculto, el sicario sin nombre ha encontrado algo parecido a la paz en una casa frente al mar. Pero la muerte de un viejo aliado lo obliga a aceptar un último encargo: cerrar una cuenta pendiente con tres nombres en una lista. Solo entonces podrá liberarse.
Mientras tanto, Clara Fité intenta reconstruir su vida en Barcelona. Un cuaderno robado y la desaparición de dos niños en 1992 la arrastran a una investigación que nadie quiere reabrir. El poder, la culpa y el miedo se entrelazan en una trama que conecta lo que ocurrió entonces con lo que está a punto de estallar ahora.
Cuando todo se derrumba, solo queda actuar. Incluso si
equivocarse es lo único que uno puede hacer.
Fuente: web de la editorial
Opinión personal:
Si hay un autor al que
hay que leer cuando se aventura por los territorios más sombríos del alma
humana, ese es Víctor del Árbol. Tras haber leído con fruición y el corazón en
un puño Nadie en esta tierra y El tiempo de las fieras, me
acerqué a esta última entrega de la Trilogía del Sicario sin nombre con
la mezcla habitual de expectación y respeto que suscita cualquier cierre de una
trilogía. Solo os digo que Víctor sale más que airoso.
En el arranque de esta
historia nos reencontramos con viejos conocidos que han marcado la narrativa
del autor como el sicario sin nombre, que acepta un último encargo,
cerrar una cuenta pendiente con tres nombres que parecen estar tallados en el
hueso de su pasado. Mientras tanto, Clara Fité ha decidido reconstruir su vida
en Barcelona y poner algo de orden en su propio caos. Lo que debería haber sido
un regreso discreto a la primera línea del periodismo de investigación, se
complica tratando de descubrir
las grietas de un caso de 1992 en el que desaparecieron dos niños. Estos son los hilos con los que el autor ata todo su relato, entrelazándolos
con una habilidad que mantiene al lector siempre en tensión.
Confieso que me costó
un poco entrar en la historia, en parte porque apenas recordaba algunos
detalles de las entregas anteriores. Pero una vez superado ese primer tramo con
la entrada en escena de sus personajes, la novela te atrapa con una prosa
elegante y concisa, sembrada de frases con enjundia, de esas que invitan a enmarcar.
Los personajes son
seres de carne y hueso, erosionados y cansados, marcados por heridas que no
cicatrizan y decisiones que siguen pesándoles como un yunque. Ya predije en la
primera entrega que el sicario sin nombre daría mucho juego, y el tiempo me ha acabado
dando la razón. Ha sido un placer reencontrarme con él en esta novela, enfrentándose
a un destino que no le ofrece concesiones. Un personaje ambiguo que ha
sobrevivido mimetizándose entre sombras, cambiando de identidad y de
significado según quién lo nombre o quién le pague. Clara Fité es capaz de
meterse en los agujeros más oscuros de la injusticia sin apenas pestañear,
aunque tenga un coste personal elevado. Y una vez más he vuelto a caer rendida
a los pies de Soria, ahora jubilado, un personaje en cuyas manos no dudaría en
poner mi propia vida.
De nuevo nos
encontramos con una estructura fragmentada, con saltos temporales y cambios de
perspectiva que nos obligan a implicarnos activamente. Es un recurso para
demostrar que la verdad nunca es lineal. El motor de toda la historia son las
decisiones que tomamos convencidos de estar haciendo lo correcto. Decisiones
que, vistas de forma aislada, pueden parecer comprensibles, pero que en
conjunto revelan una reflexión incómoda sobre la responsabilidad y las
consecuencias de nuestros actos.
Eso sí, es
absolutamente imprescindible haber leído antes las dos entregas anteriores. Leerla
de forma aislada sería perderse matices esenciales, las heridas que se han ido
abriendo y que aquí alcanzan su sentido definitivo. y, sobre todo, la
intensidad con la que Del Árbol culmina el viaje de sus protagonistas. Las tres
novelas funcionan casi como un tríptico moral sobre la culpa, la herencia
emocional, la redención y la imposibilidad de escapar del pasado sin pagar un
precio.
En definitiva, un noir con el que su autor demuestra que juega en otra liga. El cierre de una trilogía que no deberías dejar pasar.






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