Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 448 |
P.V.P. | 20,90 euros |
Traductor: | Victoria Horrillo Ledesma |

Opinión personal:
Karin Slaughter es uno de mis
referentes de la novela criminal desde que la descubrí hace diez años con Flores cortadas. Cualquier libro suyo que cae en mis manos lo devoro segura de que
cumplirá sobradamente mis expectativas. Por eso, cuando supe que publicaba una
nueva novela, que era además la primera entrega de una serie ambientada en la
pequeña localidad de North
Falls, la cuenta atrás
hasta poder tenerla en mis manos se me hizo agónica. Sobre el argumento apenas
revelaré nada, porque es una lectura que hay que leer sí o sí.
Una vez más, la autora vuelve a demostrar por qué es una de las grandes maestras del
thriller contemporáneo con esta historia que convierte un pequeño pueblo,
donde todo parece en orden hasta que algo se rompe y ya nada encaja igual, en
un territorio moralmente explosivo. El detonante de la historia es la
desaparición de dos amigas adolescentes durante la noche del 4 de julio, en pleno
espectáculo de fuegos artificiales. Doce años después la pesadilla parece
repetirse y entra en escena una psicóloga criminalista del FBI retirada. Es
entonces cuando empieza el salseo…
A partir de ahí, la novela despliega el retrato de un pueblo
en el que todos se conocen, o creen conocerse, hasta que empiezan a caer las
máscaras. Cada pista abre una nueva grieta en la comunidad, y lo que parecía
una desaparición más acaba revelando una red de silencios y lealtades podridas.
Cuanto más avanza la investigación, más evidente se hace que nadie es
completamente inocente.
Nos encontramos ante un noir policíaco y procedural,
totalmente adictivo, lleno de suspense y con una trama tejida a base de giros
inesperados que me han tenido imantada a sus páginas de principio a fin. La historia se centra en Emmy Clifton, agente
de policía e hija del sheriff, que se ve obligada a investigar un caso que le toca demasiado de cerca porque
una de las chicas desaparecidas es la hijastra de su mejor amiga. Una mujer
marcada por una culpa que no la paraliza, pero si la condiciona y define su
comportamiento. Su obsesión por encontrar a las chicas, su necesidad casi
obsesiva de reparar el daño y su dificultad para confiar en sí misma, nace de
esa culpa.
La narrativa gráfica de Karin Slaughter se combina con una
cadencia contenida en su inicio que se desboca conforme avanzamos en la lectura.
Trata un tipo de violencia muy concreta que por desgracia sigue siendo una
lacra hoy en día y que obviamente no mencionaré, porque prefiero que lo
descubráis vosotros.
La historia contiene una radiografía moral de una comunidad
que se cree transparente y, sin embargo, está llena de zonas opacas en las que
el mal no aparece como una anomalía aislada, sino como algo que se filtra por
las costuras de lo cotidiano. Al mismo tiempo, pone el foco sobre la
vulnerabilidad de las adolescentes, insistiendo en que detrás de ciertas
apariencias puede haber miedo, presión, necesidad de pertenecer, deseo de
escapar o una enorme soledad.
En definitiva, un noir absorbente y oscuro, donde cada revelación abre una nueva
sospecha y cada sospecha cambia el sentido de lo anterior. Ideal para quienes
buscan una lectura intensa y con giros sorprendentes que te dejan la mandíbula
a la altura de las rodillas. ¿Se nota cuánto la he disfrutado? Pues te animo a
que le des una oportunidad porque es muy probable que acabes enganchada a sus
historias.






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