Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 288 |
P.V.P. | 20,90 euros |
Traductor: | Marta Armengol |

Opinión personal:
No me pude resistir a esta novela gráfica en cuanto vi que su
título incluía el nombre de uno de los artistas del Renacimiento que más me
fascinan, Sandro Botticelli. Así que, antes incluso de saber de qué iba la
trama, ya sentía que había algo en ella que me interpelaba directamente, como
si prometiera un diálogo entre arte y literatura al que, como historiadora del
arte, me resultaba imposible renunciar.
La historia nos sitúa en la Florencia del Quattrocento, un
escenario de por sí fascinante. Allí conocemos a Mella, una joven impulsiva con un
talento evidente para la pintura que sueña convertirse en aprendiz en un taller
artístico como el de Botticelli, para el que trabaja su familia, algo
prácticamente imposible para una mujer en esa época. Destinada a una vida mucho
más modesta dando de comer a las gallinas, Mella no cejará en su empeño…
Es una historia tierna y divertida que leí casi de una
sentada. Hay humor, diálogos con un aire sorprendentemente contemporáneo y una
sensación constante de cercanía que hace que todo fluya sin esfuerzo. Además,
el libro incluye unas notas finales que amplían el contexto histórico y
artístico, enriqueciendo la lectura al explicar el funcionamiento de los
talleres, el papel de los mecenas y la realidad de las mujeres artistas,
incluidas algunas figuras olvidadas. También pone el foco en la autoría y el
reconocimiento, temas especialmente relevantes en un contexto donde las mujeres
ni siquiera podían firmar su obra.
Visualmente, la obra es un auténtico deleite. La autora, licenciada
en Bellas Artes, consigue trasladar la estética del Renacimiento a un lenguaje
gráfico sencillo pero muy eficaz. Las ilustraciones son expresivas, con un
predominio de tonos cálidos que evocan la pintura de Botticelli como el rosa,
el ocre o el lapislázuli. El color acompaña el estado emocional de Mella.
Cuando la protagonista se encuentra melancólica en plena noche, las escenas se expanden
y se tiñen de un azul profundo, el mismo pigmento que ella tritura en uno de
los pasajes más entrañables de la historia, cuando conoce a un perrete locuelo.
Ahora bien, no todo es perfecto. En mi caso, el tamaño de la
letra me ha resultado demasiado pequeño, y eso me obligaba a leer con más
esfuerzo del que me hubiera gustado. Es un detalle menor, pero en una novela
gráfica puede afectar más de lo esperado.
En definitiva, un libro de didáctica lectura, con una protagonista
femenina que desafía los convencionalismos de su época, ideal para niños y
niñas interesados en el arte y la historia.






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