Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 480 |
P.V.P. | 24 euros |
Traductor: | Jofre Homedes |

Opinión personal:
Había algo en la sinopsis de esta novela que me llamó poderosamente
la atención desde el primer momento, aunque no sabría decir exactamente qué. A
veces ocurre que una intuición basta para despertar la curiosidad y empujarte a
empezar una lectura casi a ciegas. Y menos mal que me dejé llevar por ese
pálpito, porque me he encontrado con un drama familiar y una oda a la
naturaleza salvaje ambientado en el paisaje hostil e implacable de la Australia
Occidental, que no pude soltar. He vivido cada momento, tanto los buenos como
los malos. He conectado con los personajes, con su pérdida y su dolor, y me he
emocionado con ellos. Por todo eso y mucho más se postula como una de mis
mejores lecturas del año.
En enero de 1958, en una desoladora carretera secundaria, un
accidente cambia para siempre el rumbo de los MacBride. Durante generaciones,
la familia ha vivido en Meredith Downs, una vasta explotación ganadera ovina
situada en el interior del país. Sin embardo, este accidente no será el único
revés que sufran y las consecuencias afectarán a la vida de todos los miembros
restantes a lo largo de varias décadas, mientras la familia intenta
reconstruirse sobre un millón de acres de tierra roja que no perdona…
Ambientada en Australia, el paisaje y el clima ofrecen un
telón de fondo duro pero hermoso, para una historia dura, pero hermosa, de una
familia golpeada por la tragedia en varias ocasiones. Una novela extraordinaria
sobre la culpa, el perdón, la resiliencia, el amor familiar, los secretos
inconfesables, y la forma en que las personas se adaptan a un entorno que
cambia sin pedir permiso, en lucha constante contra la naturaleza, con el
tictac del reloj de péndulo de fondo que marca el paso de las generaciones de
los MacBride. Conmovedora, emocionalmente devastadora y narrada con suma
delicadeza, en ella se plantean cuestiones sobre cómo seguir adelante cuando
algo no se puede deshacer. Su ritmo es pausado, lo que te permite involucrarte
profundamente en la vida de los personajes.
Lo que más me atrapó fue cómo la autora funde el paisaje con
los personajes, convirtiéndolo en uno más. Ese territorio áspero abrasado por
el sol, invadido por el polvo y las amenazas constantes de sequía, que es como
la oveja negra de la familia que sabes que tarde o temprano se presentará sin
avisar, donde todo lo que beneficia puede también perjudicar y la muerte
centellea como arena mineral. Es una presencia viva, tan fascinante como
hostil, que condiciona cada gesto, cada decisión, cada instante de quienes lo
habitan. No es solo un paisaje, es una fuerza poderosa que acaba moldeando
a sus personajes, igual que lo hacen los acontecimientos que marcan sus vidas.
Los personajes se sienten completamente auténticos y en el
centro de todos ellos se sitúa Matt. A través de él, Stedman aborda con una
delicadeza admirable lo que significa quedar anclado en un instante traumático.
A su alrededor se despliega un elenco vívido de secundarios con sus contornos
bien perfilados: el locuaz cartero, la entrometida empleada de la oficina de
correos y fanática de los entierros, el policía que cuestiona las decisiones
que su predecesor tomó en asuntos delicados, o el aparentemente taciturno cazador
encargado de controlar a los canguros que pululan por la propiedad, un veterano
de guerra con sus propias cicatrices. Este último me ha encantado, así como
Andy, que se convierte en hombre ante nuestros ojos.
En definitiva, si te gustan los dramas familiares ambientados en un
paisaje polvoriento y estéril, y no te asusta una lectura emocionalmente
intensa, esta novela es para ti.






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