5 de enero de 2026

Reseña Río llévame a casa - William Kent Krueger


FICHA DEL LIBRO
Editorial:
Año de edición:
2025
Páginas:
552
P.V.P.
20,90 euros
Traductor:
Julián Sosa
Sinopsis:
La escuela Lincoln (a orillas del río Gilead en Minnesota) es, en el verano de 1932, un lugar hostil donde cientos de niños nativos americanos, arrancados de sus familias, son enviados a recibir educación. Entre ellos se encuentra Odie O’Banion, un ingenioso niño huérfano cuyas hazañas provocan la ira del director.
Odie y su hermano Albert (los únicos niños blancos de la escuela) cometen un crimen terrible y se ven obligados a huir, llevando con ellos a su mejor amigo, Mose, un niño mudo de la tribu sioux, y a Emmy, una pequeña niña que se ha quedado sola. Juntos escapan en una canoa, navegando por el río Mississippi en busca de un hogar.
Los cuatro huérfanos cruzan tierras desconocidas durante un verano inolvidable, encontrando a su paso a personajes a la deriva como ellos: desde agricultores en apuros y curanderos ambulantes, hasta familias desplazadas y almas perdidas. Con la fuerza de un clásico moderno, Río llévame a casa es una epopeya vibrante y conmovedora que toca las fibras más profundas del alma, donde viven los sueños y la auténtica libertad.
Fuente: web de la editorial

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Opinión personal:

Cuando vi este título entre las novedades de la editorial, no sabía qué esperar de este consagrado autor de noir rural norteamericano. Y me he encontrado con una historia ambientada durante los años treinta, en plena Gran Depresión, sobre cuatro huérfanos que navegan con un destino incierto que cambiará sus vidas. Una historia sobre niños que huyen, pero también sobre un país que busca redimirse.  

Minnesota, verano de 1932. Huérfanos y sin familia, Odie O'Banion y su hermano Albert son los únicos niños blancos en una escuela para indios donde la disciplina se confunde con el abuso y la supuesta educación con la anulación de la identidad. Cuando Odie se ve obligado a huir del internado, dejando atrás muerte y desesperación, lo siguen Albert, Mose, un adolescente indígena incapaz de articular palabra alguna, y Emmy, una pequeña con un don especial. Los cuatro se embarcan en un viaje hacia lo desconocido, a bordo de una canoa, y reman por el río Gilead a la luz de la luna, en busca de un lugar al que poder llamar hogar. Una odisea que les hará enfrentarse a todo tipo de peligros, conociendo a un variopinto friso de personajes en una aventura destinada a convertirse en épica…

Así arranca un viaje de huida y aprendizaje que nos remite inevitablemente a Las aventuras de Huckleberry Finn, aunque salvando las distancias. Una historia de valentía, amor y, por supuesto, de esperanza, que nos la narra el propio Odie desde la vejez, con la perspectiva que otorgan los años y las pérdidas acumuladas. El autor maneja con destreza ese equilibrio entre la inocencia infantil y la conciencia adulta, permitiendo que el lector perciba tanto la injusticia como la capacidad de asombro que aún sobrevive en los protagonistas.

El trayecto por el río Gilead se convierte en el eje de la novela. A lo largo de su travesía, los chicos se encuentran con un país herido, poblado por granjeros arruinados por la crisis, comunidades indígenas marginadas, predicadores carismáticos y personajes que alternan gestos de bondad desinteresada con actos de crueldad difícil de justificar. Entre otros, el racismo, la violencia institucional, la pobreza o la hipocresía religiosa, son temas que están presentes

Uno de los grandes aciertos del libro está en la construcción de sus personajes infantiles. Odie es impulsivo, demasiado imprudente; Mose, el muchacho sioux, encarna la resistencia silenciosa frente a un sistema que lo margina; y Emmy introduce una ternura luminosa que equilibra la dureza del viaje. Sus vínculos están narrados con naturalidad y resultan bastante creíbles.

En definitiva, una novela sobre la valentía, el amor filial, la pérdida, la esperanza y sobre lo que significa encontrar un lugar al que llamar hogar. Es también un homenaje a la capacidad humana para la compasión, incluso en tiempos de miseria y desesperanza. Una lectura que avanza despacio, como el río que la recorre, pero muy disfrutona. 

Y como siempre digo, esta es la opinión personal de una simple lectora, no de una crítica literaria.

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