Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 512 |
P.V.P. | 22,90 euros |
Traductor: | Milo Krmpotic |

Opinión personal:
El año pasado leía la primera entrega de esta serie y me dejó
con buenas sensaciones, de ahí que haya querido continuar para ver si su autora
era capaz de mantener ese nivel o incluso superarlo. Lo cierto es que me he
encontrado con una historia que puede leerse de manera independiente, más
oscura, más incómoda y también más adictiva, que me ha gustado algo más que la
anterior.
La historia da inicio con un hallazgo aparentemente inocente. En
una escuela de Reikiavik se abre una cápsula del tiempo enterrada años atrás
por un grupo de alumnos. Entre dibujos y notas infantiles aparece un mensaje
que desentona por completo, el de un niño que dejó una lista con las iniciales
de seis personas y la advertencia clara de que morirán en 2016. Ahí es donde
entran en juego Huldar y Freyja, ambos tocados profesionalmente tras su
anterior caso, con una reputación bastante deteriorada. A Huldar le asignan
esta investigación casi como una forma de mantenerlo ocupado, sin demasiadas
expectativas. Pero cuando comienzan a producirse muertes que encajan con esa
predicción, el asunto deja de ser una simple anécdota y se convierte en un
macabro juego en el que el pasado no solo vuelve, sino que exige cuentas…
Los personajes responden al arquetipo habitual del noir
nórdico, son fríos, distantes y reservados, poco dados a exteriorizar lo que
sienten. Sin embargo, me ha resultado especialmente atractiva la dinámica
entre sus dos protagonistas. Huldar y Freyja forman un equipo peculiar, marcado
por una relación tirante, llena de silencios incómodos y reproches no
resueltos. Hay fricción constante entre ellos, pero, aunque parezca
contradictorio, terminan funcionando como dos piezas que encajan a base de
insistir, equivocarse y soportarse. Y eso, lejos de restar, suma.
La novela no apuesta por un ritmo frenético, sino que avanza
con cierta calma, deteniéndose en los detalles y abriendo distintas líneas que
en algunos momentos pueden parecer dispersas, pero terminan teniendo sentido. Otro
aspecto que me ha convencido es el tratamiento de la violencia. Hay escenas duras,
incluso perturbadoras, pero la autora sabe cuándo mostrar y cuándo sugerir, sin
recrearse en el morbo.
El tono de la novela es muy oscuro, con ambientes fríos, una
policía que sorprende por detalles como el hecho de no portar armas y una
sociedad que no siempre respeta a la autoridad. A esto se suma un trasfondo
social bastante incómodo que pone el foco en la infancia vulnerable, los abusos
y la incapacidad, o la falta de voluntad, de las instituciones para proteger a
los más vulnerables. Una historia que se adentra en las profundidades de la
depravación humana.
Si tengo que ponerle un pero, diría que el desenlace es previsible,
aunque en sus últimas páginas hay una revelación imposible de imaginar, que me
dejó tan fría como el propio escenario en el que se desarrolla la historia.
En definitiva, si sois de los que os gusta el nordic noir,
como es mi caso desde hace muchos años, es una novela que merece la pena.






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