Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 496 |
P.V.P. | 23,90 euros |
Sinopsis:
En una ciudad llena de secretos, siempre hay alguien que todo lo ve.
En la Barcelona de 1941, bajo el yugo del franquismo y con los nazis instalados en la ciudad, la joven Melisa Arranz entra a servir en casa de los Llebrera. Todo parece responder al destino previsible de una muchacha humilde hasta que una tarde, en un baile, conoce a un hombre que cambiará su vida para siempre.
Cuando descubra que aquel apuesto desconocido no es quien dice ser, una sucesión de revelaciones la arrastrará a un territorio incierto, donde la pasión, la mentira y el peligro laten bajo el brillo de la buena sociedad y la sombra de las reuniones clandestinas. Porque, al fin y al cabo, ¿quién iba a sospechar de una simple criada?
Fuente: web de la editorial

Llevo varios años leyendo los libros que han sido galardonados con el
Premio Lara de Novela y, sinceramente, ninguno me ha decepcionado. Hoy os hablo
del título ganador de este año, una historia que me ha gustado muchísimo
porque consiguió trasladarme de lleno a una época y, sobre todo,
acercarme a la vida de quienes tuvieron que
sobrevivir a ella.
La novela se mueve entre dos tiempos. En 2001, unos
trabajadores que se encuentran restaurando la casa de un profesor de Historia, en
Barcelona, descubren unos restos óseos enterrados bajo una mimosa del jardín. Y
será ese hallazgo el que nos lleve hasta 1941, cuando Melisa, una joven
huérfana y sin recursos, llega a la ciudad para trabajar como criada en casa de
los Llebrera, una familia acomodada y afín al régimen franquista. El servicio
doméstico era la única salida laboral para las mujeres humildes en una época en
que el trabajo para ellas escaseaba. Ambas historias están conectadas de una
manera que la autora revelará lentamente, sin prisa.
Es precisamente la subtrama del pasado la que más me ha
gustado y la que tiene mayor peso en la historia. Platel consigue recrear una
Barcelona asfixiada bajo dos ocupaciones: la fascista y la nazi. Con el hambre,
las cartillas de racionamiento, las colas interminables, los cortes de luz para
ahorrar energía eléctrica y las esvásticas compartiendo espacio con las águilas
falangistas. Una ciudad en la que mientras unos apenas tienen para comer, otros
viven con una comodidad insultante. Y en medio de todo ello están las criadas,
mujeres prácticamente invisibles para la sociedad.
La línea temporal de 2001, aunque sirve para ir desvelando los secretos del pasado, en algunos momentos me ha parecido algo forzada y resta ritmo a la subtrama de 1941 que, por sí sola, tiene fuerza suficiente para sostener toda la novela. Aun así, son peccata minuta ante una historia que me ha gustado mucho.
El corazón de la novela reside en sus personajes femeninos,
que están vestidos de realidad. Melisa es el eje de la historia, pero no está
sola. La acompañan Lucía, Patro, Antoñita y Matilde, cuatro mujeres que me han
conquistado por completo. Bromean, chismorrean, tienen ambiciones, carácter y
sueños, y también cometen errores. Sus conversaciones en el Salón Cibeles, en
el mercado, en el café, son genuinas. Ríen juntas, se protegen mutuamente, se
cuentan secretos. Es amistad de verdad, de la bonita.
En definitiva, una novela que rescata del olvido a esas mujeres anónimas
que no escribieron la Historia, pero que tuvieron que sufrir sus consecuencias.
Una historia de supervivencia, amistad, secretos y amor, pero también un
retrato de una época oscura que merece ser recordada. ¿La recomiendo? Sí, pero
te advierto que necesitarás tener pañuelos a mano. Y pasarás días, tras su
lectura, pensando en Melisa, en la Patro, y en quien estaba enterrado bajo esa
mimosa.






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