Editorial: | |
Año de edición: | 2026 |
Páginas: | 384 |
P.V.P. | 22,25 euros |
Traductor: | Cinta García de la Rosa |

Opinión personal:
Hace tiempo que tenía pendiente a esta autora, desde que supe
que La coleccionista de huérfanos era muy elogiada por la crítica, por
eso cuando supe que publicaba un nuevo título, decidí no dejarlo pasar. Ha sido
una de esas lecturas que incomodan porque se inspira en hechos reales. Wiseman nos
introduce en un episodio oscuro y escalofriante de la historia estadounidense
que yo desconocía por completo, exponiendo una crueldad sistemática que se
disfrazó de progreso científico. Y lo hace sin anestesia.
Estamos en 1928. Lena Conti, una joven madre soltera, cruza
el Atlántico con su hija pequeña, su madre y su hermano, huyendo del hambre de
la posguerra alemana. Llegan a Nueva York convencidos de que lo peor ha quedado
atrás, pero en la isla de Ellis descubren que el sueño americano tiene letra
pequeña y que unas letras dibujadas con tiza en un abrigo pueden decidir el
destino de una familia entera. Lena se queda sola con su hija en un país que no
se parece en nada a lo que imaginaba, debiendo empezar de cero en una granja
perdida entre las montañas de Virginia, trabajando para un viudo huraño que
esconde a sus hijos cada vez que el sherif se acerca por el camino.
Pronto entenderá por qué…
A grandes rasgos, esta es la interesante premisa de una
historia cuya primera parte, la de la vida en la granja, tiene un ritmo
pausado, entre fogones, coladas y huertos, y tarda un poco en arrancar. Pero es
necesaria porque sin esa convivencia no dolería tanto lo que viene después. A
partir de ahí, la novela se vuelve difícil de soltar, y la prosa, sencilla y
directa, hace que la lectura fluya sin esfuerzo, aunque te rompa por dentro.
El corazón de la historia es Lena, una mujer valiente y
terca, capaz de aguantar lo indecible por no soltar la mano de su hija. Me ha
gustado su fortaleza y la ferocidad con la que protege lo suyo. Duda, se
equivoca y se culpa, y eso la hace muy real. En cuanto a los secundarios, quedan
algo desdibujados, lo que imposibilita poder conectar con ellos.
Las citas que abren el libro, algunas realmente
espeluznantes, demuestran que lo que se cuenta no es una exageración. Y hay un
lugar llamado la Colonia que da más miedo que cualquier novela de terror, precisamente
porque existió. Al escuchar la palabra eugenesia, muchos la asociamos
con los nazis y el Holocausto. Pero es un error, porque el propio Hitler
bebió de las ideas estadounidenses sobre la pureza de la raza. Y eso es
algo que no se me va a olvidar.
Es una historia de pérdida, de injusticia, aunque también
deja espacio a la ternura y a la esperanza, que llegan como pequeños rayos de
luz en medio de la oscuridad.
En definitiva, una novela de ficción histórica inspirada en hechos reales,
emotiva, dolorosa y necesaria para conocer este episodio de la historia
norteamericana. El final, sin desvelaros nada, me ha parecido correcto. Es una
lectura que merece la pena.






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