Opinión personal:
A los que me
conocéis, pocas explicaciones he de daros sobre los motivos que me hicieron
decantarme por la lectura de este libro. Fue ver que se trataba de una novela de
ficción histórica, en la que tiene un papel relevante la decoración artística de
las vidrieras, y me lancé de cabeza. Hoy os traigo mis impresiones sobre
"Las ventanas del cielo", un libro que he disfrutado y me ha hecho
retroceder a mis clases universitarias para recordar la historia del arte
gótico.
Burgos, 1474.
Hugo y Damián de Covarrubias comparten apellido pero no lazos de sangre. Son
hermanastros de la misma edad pero totalmente opuestos, como la noche y el día.
Su padre, Fernando de Covarrubias, es uno de los comerciantes de lana más
importantes de Castilla, pero el cansancio y el mal estado de sus arcas le
instan a delegar en uno de sus hijos parte de sus responsabilidades. Ambos
vástagos poseen los conocimientos necesarios para poder empezar a tomar las
riendas del negocio familiar, pero hay un problema y es que la empresa requiere
un único timonel y ambos tienen los mismos derechos ¿Quién se lo merece más?
Hugo nunca ha demostrado el menor interés por el negocio familiar y no quiere
convertirse en un mercader. Su padre es consciente de esta realidad pero quiere
remover la conciencia del muchacho y le obligará a conocer la empresa desde lo
más bajo, mandándolo de viaje a Brujas. Pero si Fernando de Covarrubias pensó
que así iba a reconducir la actitud de su hijo estaba muy equivocado. Las duras
sesiones de trabajo quizás mermaran sus fuerzas, no así su empeño de buscar su
destino lejos del negocio de las lanas.
Tras el
descubrimiento de cierta traición por parte de alguien muy allegado a su padre,
Hugo huye y se embarca como polizón en un barco ballenero donde conocerá a
Azerwan, un curioso esclavo africano, conductor de caravanas de sal y contador
de leyendas que escapó de su tierra por culpa de un desamor. Se va a establecer
entre ambos personajes una relación muy especial que los llevará por tierras africanas
en una aventura no exenta de peligros. Pero Hugo tiene un don: su destreza con
el carboncillo es una virtud que todo el mundo desconoce, pero aun le falta
algo para sentirse realizado y ese algo vendrá de la mano del dibujo y la
pintura. El acto de pintar se va a convertir en la única vía para mostrar sus
emociones y en el medio de comunicación con los demás, por eso pondrá todo su
empeño en dedicarse a un oficio único como es el de los artistas vidrieros, quienes consiguieron, en plena edad media, iluminar y dar color a las grandes
catedrales.
Las ventanas del
cielo es una novela lineal cronológicamente cuya trama transcurre a lo largo de
catorce años. Está narrada en tercera persona por un narrador omnisciente y se divide en cuatro grandes bloques,
cada uno de ellos con sus correspondientes capítulos identificados
perfectamente en su encabezamiento, donde aparece el año y la ubicación
geográfica en la que se sucederán los acontecimientos que en ellos se narran. A pesar de su extensión, con algo más de 730 páginas, su lectura es muy fluida y
avanzaremos casi sin darnos cuenta porque tanto la narración como el diálogo se
hallan bastante equilibrados, destacando las descripciones que contribuyen a
enriquecer la ambientación. Es una novela de
aventuras, muy viajera, que nos trasladará desde Burgos hasta las gélidas costas
de Terranova, por recónditos mares entre ballenas, hielos y bacalaos, pasando por los
desiertos del norte de África, así como por las grandes ciudades del centro de
Europa como Amberes, Paris o Bruselas, lugares donde Hugo aprenderá las más
sofisticadas técnicas de construcción de los vitrales.
Gonzalo Giner ha
realizado una gran labor de
documentación sobre las técnicas constructivas arquitectónicas en
general y del arte de las vidrieras en particular, y una excelente ambientación de la
sociedad de este siglo. Escrita con una prosa clara y sencilla, a excepción de cuando utiliza algún que
otro término relacionado con la arquitectura medieval o las técnicas de la
construcción de las vidrieras, que pueden resultar pesados a aquellos lectores
a los que el arte no les guste especialmente.
Como a cualquier
historiador del arte, me apasiona la iconografía, sobre todo la cristiana. Me
gusta acercarme a un cuadro o a una escultura y tratar de averiguar qué tema
quiso representar el autor en esa escena. En la antigüedad, una de las maneras
que tenía la iglesia católica de divulgar las enseñanzas de las Sagradas
Escrituras y de adoctrinar a los fieles, en una época en que la lectura y la
escritura eran poco común entre la población, era con las escenas de las
vidrieras que adornaron sus templos,
elevando el espíritu a dios.
Las
ventanas del cielo es una historia acerca de la perseverancia de un personaje que lo dio todo para sentirse
realizado y encontrar su lugar en el mundo. En ella hay también cabida para el amor y el desamor, traiciones, venganzas, perdón, el sufrimiento y la amistad. Para mí ha resultado ser una
lectura totalmente didáctica y un recordatorio de mis tiempos universitarios.
Quien lea este libro aprenderá un poco acerca de un oficio único como es el de
los artistas vidrieros, que consiguieron iluminar las grandes catedrales
con verdaderas obras de arte vivas en un cambio constante gracias a la luz que
las traspasa.
Destacables son
los personajes de esta novela, todos ellos perfectamente definidos y con
multitud de matices, lo que los hace mas humanos y asequibles. Al ser una obra
tan extensa, es lógico que nos encontremos con un complejo friso de personajes
en el que se combinan tanto reales como ficticios, siendo estos últimos los que
soportarán todo el peso de la trama y a los que iremos viendo madurar y
evolucionar a lo largo de todo el tiempo que dura la historia, interactuando
con otros reales, tales como banqueros y artistas de la época que tendrán un
papel más secundario. Sin duda me quedo con el personaje de Hugo, un joven
carismático y valiente, una perla llena de aristas que no va a cejar en su
empeño hasta demostrar al mundo su don para la construcción de verdaderas obras
de arte como son las vidrieras, las páginas de cristal de un hermoso libro de
luz.
En resumen, Las
ventanas del cielo es una novela de ficción histórica en la que se combinan a
la perfección, la aventura, el mundo de las cofradías, el valor de la amistad y
la lealtad, el significado de una vida de sacrificios, del amor que lo termina
uniendo todo y del maravilloso mundo de las vidrieras durante el Gótico tardío.
Una lectura muy didáctica destinada a un amplio espectro de lectores, sobre
todo para los amantes del arte, y que merece la pena leer tanto por los hechos
que nos narra como por sus personajes tan carismáticos, transportándonos, en un viaje a través del tiempo, hasta plena Edad Media.
Y como siempre digo: esta es la opinión de una simple amante de la lectura, no de una crítica literaria.
Su autor:
Gonzalo
Giner logró el éxito literario con El sanador de caballos, que alcanzó cotas de crítica y público muy elevadas, convirtiéndole en
un autor de renombre y su obra en un referente dentro de la literatura popular.
Veterinario de profesión, con aquel título quiso investigar el inicio de su
oficio. Con su siguiente novela, El
jinete del silencio,
Gonzalo nos descubrió los antecedentes de la creación de la raza española de
caballos durante el siglo XVI. Y en Pacto de lealtad,
el autor dio un salto en su producción literaria. Una novela minuciosamente
documentada que narró, por vez primera, la participación de los perros en dos
de las guerras más sangrientas del pasado siglo XX, la segunda guerra mundial y
la guerra civil española.